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martes, 5 de noviembre de 2013

Scott Weiland "Not Dead and Not for Sale"

Ahora que los discos no se venden como en su etapa dorada, los músicos tienen que hacer malabares para comprar merca pagar sus cuentas. Giras, merchandising, re-ediciones, ediciones de luxe, lo que se te venga a la mente. Este panorama generó que uno de los recursos más utilizados sea el de las biografías: hoy en día, cualquier perejil cuenta con una. Lo cual no significa que Scott Weiland sea un logi, pero sí que "Not Dead and Not for Sale" apesta en cada una de sus páginas. Decepción a la vuelta de la esquina.

Si voy a leer un libro sobre Weiland quiero que relate al mínimo detalle sus revientes. O que al menos prenda fuego a alguien, a quién se garchó, quién lo cagó, etc. Pero no, nada. "Not Dead..." es tibio, está mal escrito (responsabilidad de David Ritz) y no deja ningún dato de color. Para colmo, los capítulos tienen una extensión no mayor a las tres páginas (en serio, tres páginas) lo que en definitiva juega en contra del ritmo de lectura. Las anécdotas escasean, pero cuando se cuentan, se interrumpen sin ton ni son, dejando más interrogantes que otra cosa.

Evítenlo de cualquier modo. Y si quieren saber de qué la va, pueden leer algunos buenos momentos desde acá.

lunes, 8 de abril de 2013

"Glenn Hughes: The Autobiography"

Glenn Hughes es una leyenda viva. Bajista, cantante y compositor, con "The Autobiography" también alista "escritor" en su currículum. Nacido en 1951, su primer banda fue Finders Keepers, que le dio lugar al combo Funk-Rock (años antes de que se acuñe el término) Trapeze y de ahí el trampolín a la fama: haber ingresado a Deep Purple en su mayor momento de repercusión internacional. Con Purple no sólo recorrió el mundo a través del Starship 1 (su propio avión de gira y el mismo que se llevó la vida de varios integrantes de Lynyrd Skynyrd), sino que grabó tres placas fundamentales, entre las que se destaca "Burn", conformando un dúo vocal único en la historia del Rock junto a David Coverdale. 

La vida de Glenn tiene tantos matices que por sí misma amerita que se filme una película por lo que este libro no sólo se tornaba indispensable, sino que esclarecedor. Las autobiografías suelen esconder detalles, nombres, personas, lugares... pues una buena: no es este el caso. Glenn no duda en relatar cada detalle de sus andanzas junto a David Bowie, Ronnie Wodd, Mick Jagger y claro, cada uno de los compañeros que tuvo en sus distintas bandas. Pero hay algo que distingue a "The Autobiography" frente a otras: la etapa de la niñez/adolescencia, que suelen ser las más aburridas y las que menos requieren nuestra atención, se hace entretenida y corta. El talento de Hughes estuvo en el ostracismo durante un gran lapso de tiempo (digamos que desde que abandonó Purple hasta... 1994) y el motivo es claro: su enorme adicción a la cocaína. Glenn no tiene pelos en la lengua para contarnos cada uno de sus tropiezos de un modo adulto, sin que suene a impostado ni que de pena.

De lectura ágil, "The Autobiography" es harto recomendable incluso para esta época donde hasta un cuatro de copas considera que tiene algo para contar.

viernes, 21 de octubre de 2011

Jedbangers #55


Disponible en todos los kioscos de revistas de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Incluye la historia detrás de "Arise" de Sepultura más entrevistas varias y el Suplemento de la Historia del Rock Pesado. El Copetín al Paso de este mes lleva por nombre "Remasterizate Esta", una febril defensa a los discos sin retoques sonoros. Website: Revista Jedbangers.

sábado, 15 de octubre de 2011

Mustaine: la autobiografía (Jedbangers)

En el mundo del Metal, son contadas las personalidas que tienen algo interesante para decir. Entre ese selecto grupo se encuentra David Scott Mustaine. Desde sus inicios con Metallica hasta sus días de gloria con Megadeth (allá a comienzos de los noventas), su figura se transformó en un must para todo metalero de ley, a base de riffs híper veloces (no son pocos quienes lo consideran el creador del Thrash), declaraciones explosivas y una personalidad irascible. Entonces, ¿quién mejor que él para repasar su vida y obra? Mustaine, entonces, recurrió a los servicios del periodista Joe Layden para darle forma a su autobiografía, editada en 2009 bajo el nombre de "Hello Me... Meet the Real Me" y que a partir de fines de agosto se consigue en la Argentina con su respectiva traducción al castellano (siendo ésta la única versión en el idioma de Cervantes) a través de Jedbangers.

Tal vez el punto sobresaliente de las 372 páginas sea que la lectura es entretenida. Mustaine hábilmente repasa su infancia sin caer en detalles desmedidos y de una manera lo suficientemente concisa como para no aburrirnos (algo que otras autobiografías no supieron interpretar) y en apenas un puñado de capítulos comienza a relatar lo que en primera instancia nos hizo tener al libro entre manos: su faceta musical. Un esclarecedor repaso de su estadía en Metallica -banda a la que supo darle forma y contexto- contando detalles jugosos ("demasiados cocineros en la cocina") pero lo más atrapante comienza al relatar sus comienzos en Megadeth y sus inifinitos deseos de opacar a sus antiguos compañeros. Naturalmente, en este tipo de obras no faltan los relatos de excesos de toda índole (alcohol, droga, sexo) y una infancia tortuosa, pero el carisma y la frontalidad con la que Mustaine abarca cada una de sus miserias provocan un efecto imán dificil de encontrar en otros similares.

Ozzy y Lemmy tuvieron sus merecidas memorias, Tony Iommi está en camino y Mustaine jugó fuerte.

viernes, 16 de septiembre de 2011

El Renegáu

Viajar en subte puede resultar el acto más aburrido que tenga que afrontar un ser humano. Y como los viajes los realizo a diario, amenizo las distancias con material de lectura. La elección no es azarosa, más bien todo lo contrario, ya que trato de apelar a lo seguro. Considerando dicha restricción, ocasionalmente llevo conmigo cosas ligadas a la historieta o a los cómics, dependiendo de quién realice el análisis. Aquí nace la figura de Inodoro Pereyra.
Una vez más la figura paternal se hace presente en uno de mis relatos. En mis oídos aún resuenan las risas de mi viejo al revisar las hojas de la revista dominical, mincionando a viva voz la grandeza de El Renegáu. Naturalmente, no me quedaba otra opción que seguir sus pasos.

Claro que no es mi intención repasar y analizar la insuperable obra creada por Roberto Fontanarrosa. Esto es una especie de tributo, homenaje y reconocimiento a un personaje que tomó como punto de partida al Martín Fierro, tomándose en joda al género gauchesco y que sin tapujos paradia estereotipos campestres, incorporando una riquísima jerga folklorica. Pero que se incustró en mi corazón, como cada uno de sus personajes inefables (Mendieta, Eulogia).

No mucho más. Ni mucho menos.
Es lo que hay.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Jedbangers #54


El nro. 54 de la Revista Jedbangers ya se consigue en los kioscos de diarios de Capital y Gran Buenos Aires. Además de las notas de tapa (y de un jugoso informe detrás de la creación de "Nothingface", discazo de Voivod) incluye mi humilde columna de opinión, Copetín al Paso, esta vez titulada "Los discos en vivo me aburren". En breve pienso retomar este tópico a través de este espacio.

miércoles, 26 de enero de 2011

I Am Ozzy (Grand Central Publishing)

Terminé de leer “I Am Ozzy” -¡gracias a mi amigo HH García por el préstamo!-, las memorias del mítico Ozzy Osbourne (compiladas por Chris Ayres) y, en cierto sentido, es toda una decepción. Soy un devorador de este tipo de material y siempre voy a recomendar su lectura. Pero un sabor amargo inundó mi paladar al llegar a sus últimas páginas.

Que Ozzy tiene una vida digna de película, nadie puede discutirlo. El tema es cómo se encare esa película y quién la protagonice. Si por delante tenemos más de trescientas páginas donde se realiza un desarrollo de sus 62 años de vida, es imposible e inadmisible que la faceta quede relegada a un inesperado segundo plano.


“I Am Ozzy” ahonda en la faceta más extrovertida y controvertida del cantante, desde su infancia hasta la actualidad, pasando por sus reconocidos incidentes mediáticos, como cuando mordió a un muerciélago o le quitó la cabeza a una paloma. Ozzy es un problem child y no se avergüenza de ello. Tanto que aquí nos enteramos que pasó más de cuarenta años en un estado de ebriedad constante, donde no faltaron papelones en su propia boda o en el entierro de su padre, y que probó cocaína antes de grabar “Vol. 4” con Black Sabbath (que originalmente iba a llamarse “Snowblind”), lo que provocó que su vida derrapara casi por completo. Y ese “casi” refiere directamente a su mujer, Sharon, que desde fines de los setentas (cuando eran amantes) está a cada paso que da el gordo, salvándole su vida en más de una oportunidad.

Lamentablemente, quienes verdaderamente nos interesamos en su faceta musical, nos vemos un tanto decepcionados. El relato del inicio de Black Sabbath estremece (algo totalmente predecible) pero los pormenores de sus discos quedan en deuda. Ozzy se centra en contar cómo era su vida en aquellos momentos, sin inmiscuirse en detalles compositivos. Pero lo más alarmante sucede cuando se aboca a su etapa solista, sin pormenorizar cómo se desarrolló la formación que grabó aquellos dos primeros discos gloriosos y, para peor, se dedica a darle palos a Bob Daisley (compositor FUNDAMENTAL en su carrera) y Lee Kerlaske. Naturalmente, Randy Rhoads es tratado con algodones y no ahorra detalles del momento de su muerte. Pero a partir de ese momento el libro comienza su momento más descendiente, donde en ningún otro momento se mencionan cuestiones musicales o referidas a la audición de músicos. Vamos: entre sus filas pasaron Zakk Wylde y Geezer Butler, quien se unió a su antiguo compañero a fines de los ochentas. Y lo más grave del caso es la completa omisión de Randy Castillo, el baterista que grabó “No More Tears” y muriera años atrás a causa de un maldito cáncer. Los más fans nos quedamos con ganas de saber pormenores de la grabación de, por ejemplo, “Ozzmosis”, donde fueron rechazados como guitarristas Alex Skolnick (Testament) y Steve Vai, con quien incluso llegó a componer un tema (“My Little Man”). Aún más fastidia el capítulo especial dedicado a “The Osbournes”, aquel reality que a comienzos de siglo emitiera la MTV, donde sí se hace hincapié en su orígen, su desarrollo y su impacto cultural.

Sí, Ozzy se ganó por propio derecho un lugar dorado en la historia de la música y eso nunca va a cambiar. Sólo que el libro merecía estar a su altura.