martes, 14 de febrero de 2017

Raíces sangrientas

Cuando en enero de 1998 la revista británica Kerrang! publicó un informe especial acerca de los "100 discos que debés escuchar antes de morir" situando a "Roots" de Sepultura en segundo lugar, logró el mismo impacto que "Nevermind" de Nirvana con el Indie norteamericano: transformarse en paradigma. 

Tiempo atrás Ricardo Iorio me dijo que al artista hay que juzgarlo por su obra completa y no por un hito: Sepultura es uno de esos casos emblemáticos. Luego de un tándem demoledor con "Beneath the Remains" y "Arise", lograron lo que muy pocos: reinventarse sin perder credibilidad con "Chaos A.D." (bueno, a medias, siempre hay alguno que bardea al pedo). A la distancia, "Chaos A.D." cumplió maravillosamente su rol de trampolín hacia "Roots", el primer disco donde los brasileros mostraron su enorme y talentosa personalidad. Con un magistral trabajo de producción a cargo del gurú Ross Robinson (responsable del audio de furores generacionales como Korn y Limp Bizkit, entre otros), desde el mismo momento en que las dos notas que conforman el riff de "Roots Bloody Roots" anticipan una placa histórica. En su desarrollo, la canción incorpora elementos percusivos oriundos del Brasil sin perder su crudeza y -lo que es más importante- destacando una composición única a pesar de apegarse a ciertos patrones característicos de la época, principalmente el riff saltarín. Con vigor y fuerza a piel, el final brinda lo mejor, asemejándose al soundtrack ideal para atravesar el Amazonas.

En el medio, se entremezclan momentos emotivos ("Attitude", co-escrita por el difunto hijastro de Max), reformulaciones del Punk más primitivo ("Straighthate"), colaboraciones de esas que verdaderamente valen la pena ("Lookaway") e instrumentales que te hacen entrar en comunión directa con la cultura brasilera y su antepasado ("Jasco", "Itsári"). Pero sin dudas la figurita destacada es "Ratamahatta", una de esas canciones irrepetibles que entremezclan a la perfección la música tribalista y el Metal, con un satánico riff de los que demuelen edificios y una participación sublime a cargo de Carlinhos Brown. Hay tanto aún por decir de "Roots"... De golpe y porrazo, el Metal encontraba un nuevo sendero por el que transitar pero del que se iba a ver prontamente encerrado.

Una vez me topé con un irlandés amante de los Seps. Le pregunté a qué se debía su enorme devoción. "A su sonido único, a sus shows en vivo... y a que son de Brasil" respondió. "Pero, ¿comprendés cómo Max pronuncia el inglés?" contraataqué. "Justamente es eso: ¡me encanta que cante de ese modo rústico!" sentenció. Lo que intento decir es que Sepultura fue una banda tocada con la varita mágica, una banda que logró posicionar a Sudamérica en las grandes ligas (cantando sus misterias, mostrando todo su potencial) como nadie había logrado anteriormente y probablemente jamás vuelva a lograr, una banda que en diez años pasó de ser prácticamente un clon de sus influencias a ser un alud de creatividad... que lo tenía todo para ser gigantes y que se quedó a mitad de camino. Si nos guiamos por cómo continuaron su carrera (Max con Soulfly, los tres restantes con Seps) robablemente no hubieran podido superar lo obtenido en "Roots" y eso es lo maravilloso de la música: saber encumbrar una obra única, que va ganando en peso año tras año y que aún no encontró su rival.

lunes, 30 de enero de 2017

Lo Verdadero

La pregunta es siempre injusta: ¿cuál es el mejor disco de? Con ciertas bandas de discografía tan extensa y rica, es casi inevitable que se formule aunque en definitiva el corazón siempre termina empujándola sobre la línea. ¿Es "Angel Dust" el pico creativo de Faith No More? ¿Tal vez "King For a Day"? Si me preguntan, la escencia y los momentos que más me gustan están en "The Real Thing" (estuve a punto de elegir "We Care a Lot" pero hasta yo mismo me hubiera visto con desconfianza).

Argumentos sobran. Primero, a nivel compositivo estan a punto caramelo. Desde el mismo comienzo con "From Out of Nowhere" se los nota enfocados, decididos, con los dientes apretados: prototipo de banda que sabe que se está jugando su carta más fuerte. Entremezclado con una guitarra híper distorsionada y un bajo funkoso, aparece sutilmente el teclado, barnizando de melodía un tema que figura entre lo más logrado que hayan logrado en su carrera. En efecto, el elemento que destacó a FNM de sus contemporáneos es Roddy Bottum, uno de esos tapados que cimentan la personalidad de su conjunto. Y lo del bajo funkoso no es un dato menor: Billy Gould la rompe. Sustentado en un sonido tan único como personal, su desfachatez se hace presente a lo largo y a lo ancho, cobrando mayor protagonismo en "Falling to Pieces".

Mike Bordin es otro que descolla, con una ejecución estrambótica pero con onda, ensamblada a la perfección con el bajo: no por nada luego tocó con Blak Sabbath. Resulta inevitable hablar de Mike Patton. Pocas veces el cambio de cantante fue tan determinante para un conjunto (se me ocurre Maiden con Dickinson). Su voz nasal es perfecta para las composiciones y deja entrever que su caudal, como dio sobradas muestras, está para más. Patton también impregna de humor al conjunto y si bien con el tiempo cada vez me fue rompiendo más la paciencia con sus infinitos proyectos, hay que darle mérito y reconocer que la suya es una personalidad única.

Para el final, me reservo a quien para mí es la figura de la placa: el señor Jim Martin, quien a base de riffs, distorsión y más y más machaques genera ese toque único que no supieron (ni pudieron) repetir con sus sucesores álbumes. Martin no es de esos violeros desmedidos en mostrar todo su talento e incluso en determinadas canciones ni siquiera solea. Es el prototipo de guitarrista que banco, el que está tapadito en el fondo bancando la parada.

¿Hace falta que hable de todas las canciones? Nah, si están ahí para ser escuchadas.

domingo, 8 de mayo de 2016

Metallica, Estadio Vélez Sarsfield (sábado 8 de mayo de 1993)


El 8 de mayo no es una fecha más en mi vida: es el día que marcó mi debut en los recitales de Rock, veintitrés años atrás.

Para 1993 apenas tenía 13 años pero ya había escuchado un gran porcentaje de discos imprescindibles de la historia del Heavy Metal. AC/DC, Iron Maiden, Judas Priest, Hermética, Anthrax, Sepultura, Megadeth y Ozzy eran artistas que seguía y adoraba con pasión pero ninguna, con la salvedad de Guns N' Roses, alcanzaba el status que Metallica me generaba. Cuando para comienzos de aquel año se anunció la visita del cuarteto de California a Buenos Aires, comencé a insistir a mis padres para lograr el añorado ticket, que finalmente fue adquirido en un Musimundo por partida doble, ya que mi viejo, que no nunca fue rockero -aunque este fue su momento bisagra- ¡se copó y me acompañó! Los preparativos para el show fueron hermosos: terminé de completar mi discografía (en cassette) e incluso compré una remera hermosa, tal vez mi favorita entre todas las que actualmente tengo. Sobre la marcha, la fecha del sábado 8 de mayo se agotó, por lo que se agregó una función para el viernes 7, show que transmitió la Rock & Pop en vivo y en directo y que por supuesto escuché de principio a fin.

¿Qué decir sobre aquel 8 de mayo? Tantas cosas... Primero, que la ansiedad me ganó de mano y le pedí por favor a mi padre de estar en el estadio de Vélez a las 11 AM. Una locura total, pero bueno allá fuimos por Juan B. Justo, yo luciendo mi ropa favorita de aquel momento, mi remera nueva de 'Tallica y una campera bordó a la que le había pintado el logo de la H con tinta china. La fila para entrar al campo era inmensa y delante nuestro teníamos a unos fans que se habían venido desde Corrientes que en un toque le pidieron guita a mi viejo para comprar vino de cartón en el Carrefour de enfrente y cuando volvieron con los tetras en la mano lo primero que hicieron fue ofrecerle un sorbo. Hermoso.

Entrar al campo de juego fue un momento imborrable. No importaba más nada en el mundo, solo quería ir corriendo lo más rápido posible hacia el vallado y ver de cerca la batería de Lars Ulrich, que lucía hermosa, radiante, sobre una tarima. Pero claro, jamás iba a contar que de a poco el estadio fue llenándose de ávidos metaleros que inconstantemente hacían pogo con la música que sonaba por los parlantes, incluso levantando las telas que protegían el césped para revolear a aquellos atrevidos que se animaban a volar con sus mechas al aire. Ese desmadre generó que retrocediéramos sobre nuestros pasos, ubicándonos sobre una de las populares. A nuestra derecha se sentó un flaco con una remera blanca con una estampa de un tipo pelado, con tatuajes y cabeza rapada. El mismo pibe nos sugirió que nos acercáramos al campo, que viéramos el show ubicado al costado de la torre de sonido, así que le hicimos caso y para allá fuimos los tres, porque el pibe había ido solo y no tenía con quien conversar. De repente, una música sumamente veloz y machacosa atronó por los parlantes y la gente se transformó: el estadio entero se transformó en un desmadre. Le pregunté a nuestro nuevo amigo qué banda era ya que yo no tenía la más puta idea y se señaló su remera: era Pantera con "Fucking Hostile" y el tipo de su remera era Phil Anselmo. Esa fue las últimas palabras que nos cruzó el muchacho, ya que se entremezcló en el pogo y no volvimos a verlo. Imaginen la situación: mi viejo no sabía qué carajo hacer, me aferraba entre sus brazos pero el estadio ya estaba bastante colmado de gente y nos íbamos de un lado para el otro. Hasta que apareció una mano salvadora.

Ni bien terminaron los estruendosos acordes de Pantera, se nos acercaron dos tipos, uno de ellos hablaba en inglés y el otro traducía. El norteamericano se presentó como Jay Jay y dijo ser iluminador de Metallica. Prosiguió aclarando que Metallica siempre pregona la integridad de sus fans e hizo hincapié en que mi viejo y yo corríamos peligro si nos quedábamos en el campo, por lo que procedió a invitarnos a la torre de sonido/luces para que podamos disfrutar del show con comodidad. ¿Lo pueden creer? Ahí estábamos mi padre y yo, sentados en una ubicación preferencial, recibiendo constantemente botellas de Gatorade sacadas de una heladera que pertenecía al personal de Metallica, viendo como de a poco se iba llenando el estadio, conversando con el personal de Cruz Roja, que no paraba de atender ebrios que se habían pasado de rosca.

Con ese panorama, salió a tocar Horcas, técnicamente la primera banda que vi en vivo en mi vida. Tengo flashes del operador de sonido laburando y puteando constantemente, dejando en claro a propios y extraños que no estaba de acuerdo con el resultado de su trabajo. A mí poco me importaba, porque poco tiempo antes había conseguido "Oíd Mortales el Grito Sangrado" y el quinteto basó su presentación en ese material. A mi entender, Horcas jamás pudo replicar la fórmula lograda con aquella formación, donde además del entrañable Osvaldo Civile y Hugo Benítez destacaban Oscar Castro (un verdadero tapada) y el Ganzo, un batero de primer nivel internacional. Mientras Horcas se encontraba en la mitad del set, se acercó al mangrullo  el resto de la crew Metallica, entre ellos el sonidista, que nos quiso rajar a la mierda pero gracias nuevamente a la injerencia de Jay Jay (que dijo que éramos "invitados de Metallica") pudimos permanecer en nuestras cómodas sillas.

Tras una breve presentación del "Ruso" Verea, Metallica se apoderó del escenario y mi vida no volvería a ser la misma: todo lo que incluyó verlos en vivo fue una revelación. No olviden que para mayo de 1993 el grupo llevaba prácticamente dos años de gira presentando el "Black Album" pero sobre las tablas no mostraron ningún ápice de decaimiento (muy lejos de aquel "agotamiento físico y mental"). Lars se ubicaba en mi podio pero quien se ganó todo mi aprecio a base de huevos fue Jason Newsted, un tipo que aún al día de hoy no pudieron reemplazar con corrección.

Temas más, temas menos, el setlist fue el que pocos meses después vería la luz en el boxset "Live Shit", pero sin dudas que más allá del plano musical, esta experiencia marcó quien soy.

¡Y eso que no les confesé que todavía lamento no haber comprado el libro de la gira!

miércoles, 27 de abril de 2016

"Use Your Illusion I" vs. "Use Your Illusion II"



A casi 25 su edición, los dos tomos de "Use Your Illusion" probaron ser una de las obras más ambiciosas de la historia de la música, a un pasito de la ópera rock. Lanzados en una época donde las ventas eran aún relevantes, Axl los Guns N' Roses exprimieron todo su caudal compositivo, en un hecho que les trajo consecuencias nefastas: el despido de Steven Adler y la posterior salida de Izzy Stradlin.

Como en todo disco doble (¡de cuatro vinilos!) hay canciones para enmarcar y otras para descartar pero lo asombroso es que un enorme porcentaje de ellas son lo suficientemente contundentes como para haberse ganado su lugar.

Aquí, mi análisis y voto de cada una de ellas.

Nota: La idea es analizar tema vs. tema. El "Illusion I" contiene 16 canciones y el "II" 14, por eso no compiten "Dead Horse" ni "Coma", tal vez la composición más ambiciosa en la garrera de los Guns.

#1: “Right Next Door to Hell” vs. “Civil War”

El éxito descomunal de “Appetite for Destruction”, continuado por el transicional “Lies”, generó altísimas expectativas frente al nuevo trabajo de los Guns N’ Roses, por ende, el comienzo (de una obra doble) debía ser fundamental. “Right Next Door to Hell” es, ante todo, una declaración de principios: feroz, punzante, caótica y agresiva, reúne todos los elementos que formaban parte de la vida cotidiana gunner de por aquel entonces. Si bien está lejos de ser uno de los temas más sobresalientes que hayan compuesto, fue una efectiva bandera plantada, una patada en la nuca a todas las expectativas y a un supuesto ablande al que muchos grupos recurren en su momento de mayor popularidad. Basada en un hecho real (en el que Axl habría atacado físicamente a una vecina), las estridentes guitarras remiten a los comienzos del conjunto.

Por su parte, “Civil War” es lisa y llanamente una de las más logradas composiciones de los oriundos de LA. Toda en ella es perfecto: la intro con el diálogo de “Cool Hand Luke”, el arpegio de la guitarra acústica, el recitado de Axl, las líneas de bajo y el tremendo groove de la batería, cortesía de Steven Adler en lo que fue su última grabación con el grupo. Las guitarras distorsionadas generan un in crescendo que derivan en una melodía inspiradísima de Slash y su wah wah. No hay comparación posible entre un tema de relleno y un clásico irrefutable.

Ganador: “Civil War”

#2: “Dust N’ Bones” vs. “14 Years”

Gran porcentaje de la composición y personalidad de GNR fueron virtudes de Izzy Stradlin, que en estas dos canciones se hace cargo por primera vez de la voz líder. Izzy posee una voz cansina y rasposa que emula a sus mayores mentores (Keith Richards, Andy McCoy) que calza a la perfección en ambas canciones. Si bien Stradlin es el compositor principal de ambas, en “14 Years” resigna protagonismo en pos de una soberbia performance de Axl en el piano. “Dust N’ Bones” tiene una letra maravillosa y un ritmo más llevadero, además de un estribillo más potente y consistente.


#3: “Live and Let Die” vs. “Yesterdays”

Primer choque de cortes de difusión. Desde sus comienzos los Guns se caracterizaron por tributar con holgura a sus referentes principales. “Live and…” -original de los Wings de Paul McCartney- es la prueba fehaciente de la enorme habilidad del devenido sexteto para transformar composiciones ajenas en propias, en donde pasan soberbiamente de la explosión del riff principal a la implosión de la base rítmica en plan reggae. Un ataque sonoro casi infalible que solo puede perder con una composición propia del calibre de “Yesterdays”, en plan Rock tradicional, sin las capas de guitarras distorsionadas que pululan en los Illusion y que muestran la faceta más despojada y primitiva de los GNR. Otro hit que en vivo nunca contó con su merecida interpretación.


#4: “Don’t Cry” vs. “Knockin’ On Heaven’s Door”

Aunque parezca irrisorio, “Don’t Cry” fue contemplada y grabada en las sesiones de “Appetite…” pero finalmente el conjunto se decidió por no incluirla en el producto final y la decisión, a la distancia, pareció ser acertada: el tema se convirtió en un hitazo que inundó FM’s alrededor del planeta, convirtiéndose en una de sus canciones más populares y solicitadas en el directo. Una balada de una progresión que bien pudo haber sido del montón pero claro, esto es Guns N’ Roses y Axl & Slash, con sus sendas interpretaciones, le suman dos o tres puntos (Shannon Hoon, la voz invitada, también la rompe). El video es antológico y demuestra el sentido del humor del grupo con el cartel “Where’s Izzy”, siempre reticente a ese tipo de actividades. La salida de Steven Adler significó más que la pérdida de un baterista: sin él, “Knockin’ on…” nunca tuvo razón de ser. La versión grabada para el “UYI II” es fría, seca, carente de emotividad y está lejos de ser el sentido homenaje a Todd Crew (Jetboy).


#5: “Perfect Crime” vs. “Get in the Ring”

Quinto tema del “Illusion I” y otra vuelta a las raíces: “Perfect Crime” es agresiva en su esencia y en su implementación, a puro riff guitarrero y con un Axl al tope de sus posiblidades. “Get in the Ring” pasó a la historia por su proclama anti-prensa más que por su consistencia musical (aunque vale mencionar que es fuerte e impactante).


#6: “You Ain’t the First” vs. “Shotgun Blues”

O Stradlin vs. Rose. “You Ain’t…” es otra de las composiciones que remite a las raíces gunner en formato acústico y un aire despojado que huele a Stones por todos lados. “Shotgun…” es poderosa, pero sumamente intrascendente.


#7: “Bad Obsession” vs. “Breakdown”

Acá la diferencia la marca una sola persona: Michael Monroe. El ex Hanoi Rocks figura como invitado tocando la harmónica en “Bad Obsession”, otro momento donde los Guns se muestran intimistas, en su salsa. “Breakdown” es otra de esas composiciones intrincadas y sumamente efectivas de Mr. Rose pero no se puede competir con el otro gigante.


#8: “Back Off Bitch” vs. “Pretty Tied Up”

En una placa doble (de cuatro vinilos), con un total de treinta canciones, es más que obvio que al menos se incluya una canción de relleno. “Back Off…” es el ejemplo más emblemático: densa, aburrida, misógina y encima araña los cinco minutos de duración. Por algo la descartaron para las sesiones de “Appetite…”. “Pretty…” es otra de las maravillas de Stradlin y el primer tema que el mundo conoció de estos discos. Climática y atmosférica, súbitamente quedó fuera de los sets en vivo y no estaría para nada mal que la vuelvan a incluir.


#9: “Double Talkin’ Jive” vs. “Locomotive”

La primera es otra de las composiciones simplonas pero llenas de groove y onda que caracterizan a Izzy (que otra vez se encarga de la voz líder); la segunda es una intrincada obra pergeñada por Slash y Rose. “Double…” ganó protagonismo, además de su excelente outro a pura guitarra española, por su inclusión en el playlist. “Locomotive” es un tanque, un ida y vuelta frenético que para su parte final encuentra a los Guns emulando a los Stones de “Simpathy For the Devil”. Apabullante.


#10: “November Rain” vs. “So Fine”

“November Rain” es el monstruo de Axl, una composición fina por donde se la mire y analice, que para 1991 dotaba con varios años en desarrollo (incluso hay un demo acústico dando vueltas) y que finalmente encontró su lugar en un disco. Con la mano en el corazón, no representa en lo absoluto en las raíces hard rockeras del conjunto pero no necesariamente tiene que ser así. De hecho, a claras luces habla de la evolución musical de sus integrantes, evidenciable en la soberbia performance de Slash, redondeando una perfección asombrosa que en el Rock no se encontraba desde “Bohemian Rhapsody”. Duff se erige como protagonista en “So Fine”, un temazo de la hostia que tiene todos los matices que describen al blondo bajista (sutileza, empuje, fiereza Punk) pero que no alcanza a superar a un clásico indiscutible.


#11: “The Garden” vs. “Estranged”

“The Garden” es uno de los picos del “Illusion I”, sutilmente trackeada a continuación del estruendoso final de “November…”. El in crescendo de la guitarra logra su pico máximo en el estribillo, que para colmo cuenta con la participación del gran Alice Cooper. “Estranged” es uno de los picos en la discografía de Guns. Perfecta, emotiva y con un punteo inolvidable de Slash (“thanks Slash for the killer guitar melodies” dice Axl en el booklet), “Estranged” pelea palmo a palmo con “November Rain” como composición más perfecta desde “Bohemian Rhapsody”… y le gana. La letra es otra muestra de la brillante pluma de Axl (cuando no tiene que putear a una ex).

Ganador: “Estranged”

#12: “Garden of Eden” vs. “You Could Be Mine”

“Garden…” es sin dudas la canción más agresiva y en tu cara de los dos discos. Bien al palo y un ritmo frenético, respeta la esencia del “Appetite…”. El video clip pertinente no puede ser pasado de largo, con una cámara fija delante de la banda, en evidente contraste con otras mega producciones multimillonarias. Pero “You Could…” es una bomba, clásico de clásicos y para colmo fue incluido en “Terminator II”.


#13: “Don’t Damn Me” vs. “Don’t Cry (Alt. Lyrics)”

En una caso casi sin precedentes, “Don’t Cry” vuelve a aparecer con una letra cambiada. Funciona más a modo de detalle o rareza, porque “Don’t Damn Me” es otro punto sobresaliente y a veces muy injustamente pasado de largo en la discografía del conjunto.


#14: “Bad Apples” vs. “My World”

Acá tampoco hay mucha comparación. De “My World” no hay mucho para decir salvo que es un embrión del Nü Metal. ¿No me creen? Vuelvan a escucharlo. Su inclusión evidencia la enorme ascendencia de Axl en el grupo. Al igual que “Don’t Damn Me”, “Bad Apples” es otra gran composición un tanto menospreciada, ideal para escuchar en un pub con cerveza en mano.

lunes, 31 de agosto de 2015

Club de la Muerte 16

Los chicos de Banda de la Muerte me invitaron a pasar música este jueves 3 de septiembre en el ciclo que denominaron Club de la Muerte, que se desarrolla una vez por mes en The Roxy Live (Av. Cnel. Niceto Vega 5542. 21hs.). La particularidad es que voy a concentrarme únicamente entre los años 1988 y 1994, acorde al título del nuevo álbum de BDDL. ¡Atenti! Le invito una birra a todo aquel que me descubra pasando un tema que no pertenezca a esos años. (También serán de la partida Mambonegro y Paco & Olmas Band)


jueves, 30 de julio de 2015

Lujuria en Ultrabar, 23/05/2015

Durante 2014, las bandas nacionales editaron grandes discos (ya haré un post al respecto). Una de las bandas que más llamó mi atención fue Lujuria, que gracias a “Toxikiller” ratificó todas las insinuaciones de trabajos previos aunque esta vez con canciones más punzantes. El sábado 23 de mayo se presentaban en Ultra bar y hasta allí me aproximé.

Para quienes no sepan de qué hablo, Lujuria es un cuarteto que cuenta con tres discos de estudio y cuyo género se aproxima a una mezcla precisa entre At the Drive-In, Queens of the Stone Age y Nirvana, en la faceta más salvaje de cada uno de ellos. Ya los había visto en vivo con anterioridad y aquella noche de sábado ratificaron mis impresiones: lo de Lujuria en vivo se caracteriza por la fiereza. El set no superó la hora de duración, algo más que acorde para una banda que no baja su intensidad en ningún momento, con una ejecución muy precisa y un despliegue físico intenso. Con todo, me quedó la sensación de que los Lujuria confían en sus canciones, que las sienten y las viven y que no tienen otro modo de ejecutarlas tan energéticamente. Por cierto, fue un gran acierto no incluir covers: cuando tu energía está en el modo Lujuria es en vano hacerlos.

Tal vez con mis palabras no pueda reflejar la experiencia de verlos en vivo. Mejor: acercate a la fecha que te quede más cómoda y durante una hora aislate de cualquier distracción. Lujuria te va a mantener entretenido.

martes, 28 de julio de 2015

El Perrodiablo, Bandera de Niebla y la música como abanderada

EL PERRODIABLO, BANDERA DE NIEBLA, SURFING MARADONAS
11/07/2015
Club V

Por Astilla Dominguez

No siempre tengo el placer de recibir invitaciones para musicalizar recitales pero cuando los chicos de El Perrodiablo me consultaron para participar en una de sus fechas no lo dudé un segundo: debía estar ahí. Con los días se fueron confirmando los nombres de la grilla y mi entusiasmo fue en aumento; no siempre se puede combinar una actividad reconfortante aunque estresante compartida con bandas que te gustan.

La noche del sábado dio inició de la mano de Surfing Maradonas, un dúo compuesto por guitarrista/cantante y baterista que practica un mix entre Sludge, Stoner, Garage y cuanto género se te venga a la mente. De las tres bandas en cartel era la única de la que no había escuchado un acorde -ni tampoco visto en vivo- así que si bien su presentación me pareció excesiva en duración, cumplieron.

Curioso el caso de Bandera de Niebla. En este último mes los vi dos veces en vivo: en el primero de los shows (en Niceto, bajo el marco del ciclo Martes Indiegentes) tuvieron una noche para el olvido; afortunadamente, el sábado se reivindicaron con creces. ¡Y debo admitir que me encanta esa dualida! Me hace acordar a cuando leía reseñas de los shows en vivo de los Replacements. Detesto que se haya perdido esa espontaneidad y Bandera tiene todos esos elementos impredecibles y más. Para quienes no estén enterados, Bandera de Niebla es un combo integrado por Adrián Outeda (Satan Dealers) en voz, Martín Méndez (ex Dragonauta) en bajo, Hernán Espejo (también ex Drago, Compañero Asma, Vrede) en guitarra y Nacho Brizuela (ex Fantasmagoria) en batería. Hasta la fecha tienen publicados dos EP’s digitales aglutinados en un larga duración en formato físico que se dedicaron a presentar casi en su totalidad. Tal como sucede en Satan Dealers, si Outeda está inspirado las chances de que el show sea histórico son elevadas y la noche en Club V Adrián demostrar en un momento álgido: al tope de sus posibilidades, entonó cada estrofa como si fuera la última, con una potencia y una entrega que emocionaban. Posta. Sus compañeros se hicieron eco de su maravillosa performance y dejaron todo sobre las tablas, a nivel sonoro e interpretativo. Cuesta rotular la fórmula de Bandera gracias a esa hermosa combinación sonora en la que la guitarra de Espejo dibuja a diestra y siniestra esquivando cualquier etiqueta. Su público se muestra entusiasta, canta las letras con fervor y recibe con los brazos abiertos al tema nuevo que estrenaron. Para el final, y a modo de souvenir, dejaron una demoledora versión de “Debes Quitarte el Uniforme” de No Demuestra Interés que caló profundo y dejó el escenario en llamas.

Solo una banda con las pelotas bien puestas y las ideas bien claras podía continuar semejante exhibición de poder y El Perrodiablo recogió el guante con una elegancia digna de los que plantan bandera en tierra firme. No importa si sus canciones te gustan más o menos: El Perro en vivo te pasa por arriba, te toca las fibras menos sensibles y te deja retumbando más de una idea; si después de haber visto a El Perrodiablo no le encontraste otro sentido al Rock, es porque todavía no los viste. Comandados por ese titán escénico conocido bajo el seudónimo de Doma, desde el minuto cero se encargan de tomarte por el cuello y quitarte todo atisbo de respiro. La catarata sónica que entablan las guitarras de Chaume y Lea los enmarca como una de las duplas más sólidas que haya dando vueltas, siempre bien acompañados por la base de Fran y el batero del que no recuerdo el nombre. Todo es desparpajo y espontaneidad sobre las tablas, con un Doma que va y viene, se tira y se levanta, sube y baja y que en ningún momento se olvida de lo que es: un entretenedor, un comunicador, un lazo entre los instrumentistas y su público, ese público que le demuestra adoración y que se rinde ante cada una de sus proclamas. Porque lo de El Perro excede el formato Rock, excede las etiquetas y recupera la esencia del por qué estábamos ahí: son los únicos que hoy en día pueden hacerte sentir en una situación peligrosa sin que eso signifique miedo; te patean el culo una y otra vez y no miran a la cámara, no buscan la sonrisa fácil. Reinterpretan el Rock a su modo y no va a costar mucho tiempo más para que otros sigan su camino. Están de mi lado del Rock y no exagero al decir que en mi condado se encuentran entre los más respetados.


viernes, 22 de mayo de 2015

Deme dos

Uno de los temas de la semana en el universo musical fue la edición del disco de Tan Biónica. No porque sus canciones hayan generado un revuelo o porque particularmente lo haya estado esperando, sino por la enorme repercusión mediática que tuvo. Está bien, uno podría aducir que este tipo de bandas cuentan con un presupuesto de prensa mayor que otras pero ni siquiera: las noticias informaban de fans enardecidos por alzarse de su CD. Sí, leyeron bien: gente desesperada por comprarse un disco y, como plus para aquellos primeros 500 consumidores, lograr la firma de sus músicos favoritos.

Por supuesto esto se tradujo en motivo de burlas tanto en Twitter como en Facebook, “escrachando” a los chicos que se compraban el álbum de su artista favorito con su dinero bien ganado. ¿Prejuiciosos nosotros los rockeros? A la mierda, hay que replantearse muchas cosas. Evidentemente existe público cautivo solo que tal vez no hayan encontrado la banda adecuada para rendirle pleitesía. No pienso defender a Tan Biónica -su música me parece detestable- pero en algunos meses alguien los reemplazará; estamos a tiempo de potenciar a aquella banda nueva que tanto nos gusta. ¿O será que tanto nos cuesta escuchar bandas independientes?

Otro evento importante fue la reedición de ciertos discos (Soda Stereo, Pescado Rabioso/Invisible/Almendra, etc) del catálogo de Sony Argentina en formato vinilo. Una vez más, se formaron colas de cuadras en las disquerías que contaron con la venta anticipada. ¿Cómo? ¡Me habían dicho que la gente no compraba más discos! Último momento: se habrían agotado en varios locales. Nah, es joda, no puede ser… Fetichismo, coleccionismo, especulación o simplemente pasión, pero los LP’s volaron: he llegado a ver fotos de gente que se alzó con dos copias de cada ejemplar.

Sin dudas, es destacable el accionar de Sony Ar: Argentina debe ser uno de los pocos países del mundo que tiene descatalogados a sus artistas populares y no me refiero únicamente al Rock. ¿Harán que desciendan los precios astronómicos por las primeras ediciones? No lo creo, pero estoy harto de ir a disquerías y no encontrar los títulos que busco.

Mientras, miro los sucesos con la ñata contra el vidrio.

lunes, 11 de mayo de 2015

Yo vendí un "Artaud"

(Artículo para Format+V Revista Online https://formatvrevista.wordpress.com/2015/05/07/yo-vendi-un-artaud/)

Sucedió una tarde de mediados de la década del noventa, en los albores de mi adolescencia. Caminando por mi barrio, con destino incierto, me lo topé súbitamente. Él iba vestido enfundado en un conjunto deportivo Adidas azul furioso y unas zapatillas blancas, de esas que son medio armatoste, que se usan para jugar básquet. Ahí paradito en una esquina, semi encorvado, con cara de desorientado estaba Luis Alberto Spinetta, alias el Flaco. Mi corazón se paralizó por unos segundos. ¿Debía activar mi más puro cholulismo y saludarlo? Nunca fui de esos pero me sentí en la obligación. Un tibio “Luis, no estoy tan adentrado en su obra, pero lo respeto muchísimo” -ni por asomo se me ocurrió tutearlo- logró como respuesta un contundente “muchas gracias por el respeto” que caló hondo en mi.

Le fui honesto a Luis. Pocos meses atrás, Spinetta había editado junto a los Socios del Desierto un disco doble crudo, filoso que captó mi simpatía casi de inmediato, tanto que comencé a indagar en su repertorio. Así llegué a Pescado Rabioso, de la mano del cassette de “Desatormentándonos”, que casualmente no incluía el tema “Post Crucifixión”, que pasó a transformarse en una obsesión en mí. Una de tantas tardes en las que me dedicaba a revolver discos, me encontró en el barrio de Constitución, más precisamente en Kuky Discos. Kuky era un negocio emblemático de la zona y sus precios y su variedad de catálogo eran la envidia de tantas otras. Entre los vinilos (que por aquel entonces vivían su peor momento en popularidad) estaba el “Artaud”. Sabía de su tamaño irregular pero la versión que tenía en mis manos distaba de tener las puntas asimétricas; de hecho, estaba recortado. La persona que lo recortó hizo un trabajo envidiable: remendó las puntas con tapas de un rígido cuaderno Rivadavia azul, de un modo artesanal pero prolijo, que permitía lograr las dimensiones características de una portada stándard. La versión incluía el sobre interno (hoy, en épocas de Ebay y Amazon, rebautizado como “insert”), con las letras y la información adicional. Lo más importante es que el LP se encontraba en perfectas condiciones, como si nunca hubiera sido reproducido. Una oportunidad única para adquirirlo por una módica suma que no superó los 15 pesos.

¿Cómo es que me decidí a venderlo? En mi discoteca, “Artaud” terminó siendo una pieza de museo. Un objeto muy deseado, difícil de conseguir, envidiado pero al cual no le daba uso y si no uso algo, prefiero regalarlo. Como primera medida se lo ofrecí a un amigo muy fana de Spinetta, que pensó que le estaba tomando el pelo y no aceptó la oferta. Así que con el tiempo me vi tentado y lo subí a Mercado Libre, más que nada para saber qué repercusiones obtenía. La primera respuesta fue la más absurda: me ofrecían comprar sólo el insert. ¿Cómo? Un especulador tenía la versión con las puntas sin el sobre y quería comprarlo para que el producto aumente su valor. No hubo caso. Deambuló por Internet durante un tiempo, sin recibir ofertas ni comentarios. Cuando por fin decidí quitarlo de la venta, un audaz comprador se contactó y cerramos un precio: $1200, en el año 2012. Me parecía un precio elevado pero ni por asomo llegaba a los $2500 que otros vendedores pedían. ¿Si me arrepiento de haberlo vendido? Para nada. “Artaud” es como los discos de Led Zeppelin: jamás los escucho. No me gusta que un disco junte polvo, me hiere. Así que adiós, “Artaud”. Gracias por dejarme tu hijito el CD.

viernes, 1 de mayo de 2015

Rivales

No se trata de ser retro, de comprarse los instrumentos y equipos vintage, de conseguir la pilcha más rara de la feria americana. No se trata de dinero. Se trata de composición. Y estos pibes siempre la tuvieron atada, pero con el último ("Great Western Valkyrie") se quedaron con mi voto para mejor disco internacional de 2014. ¿Habrán llegado a su techo? Rival Sons, amigos.


martes, 28 de abril de 2015

No puedo evitar que vengan hacia mí las milanesas

Milanesas, mi comida del mes de abril. Caseritas, preparadas por mí, al horno, de nalga o de ternera, acompañadas siempre con puré. Delicia. Hay pocas comidas que me gusten tanto como las milangas. Ojo: los sanguches de miga y las empanadas comparten el podio. Antes era de tirarle cualquier cosa encima, ahora con queso y tomate me basta y me sobra. Hay platos que nacieron así, para ser simples, y así deben morir.

Cada vez que me toca viajar al exterior, lo que más extraño son las milanesas caseras de mi vieja. Ni asado ni otra cosa: lo único que quiero apenas pongo un pie en el país es volver a comer sus milanesas. La guarnición es lo de menos; al pan, ensalada, puré o fritas pero sus milas son irrepetibles. Como lo debe ser para ustedes las de sus propias madres.

Por raro que parezca, no suelo pedir milanesas cuando voy a morfar afuera. Si algún otro comensal las encarga entonces las pruebo y si son buenas, en caso de reincidir en el restaurant las pido, pero no me tiro a la pileta. No me cabe que se zarpen en pan rallado y te pongan una feta de carne y tampoco me cabe franquicias como el Club de la Milanesa o como quiera que se llame. La milanesa como la pizza y las empanadas: no hay como las caseras.

Hablando del nacimiento, se dice que la mila tuvo su orígen en Italia pero creo que si le preguntás a un tano hasta ellos te van a admitir que en Argentina la popularidad de este corte es mayor que en cualquier otra parte del mundo.

Velada ideal 1: ir a la carnicería, elegir el corte, llegar a casa, poner música y lanzarme a la maratónica velada de prepararlas. Velada ideal 2: comerlas, con un jugo y un puré.

La felicidad es un arma caliente.

viernes, 24 de abril de 2015

Fiebre de Slayer por la noche


Se hizo de noche y me dispuse a escuchar música con los auriculares puestos. La medida de Jack Daniel’s con un hielo ya había sido servida por lo que necesitaba tomar una decisión urgente. Mi cuerpo lo pedía y apenas divisé mis discos ahí estaba: “Seasons in the Abyss” de Slayer.

En la industria musical existe un lema que indica que el quinto disco de una banda es determinante. Hay excepciones, claro: para “Reignin Blood”, el tercero, Slayer ya era considerada como la banda más jodidamente hija de puta del planeta tierra. Pero volviendo a “Seasons…” hay algo en esta placa que lo hace única, un elemento que jamás pudo ser replicada por los infinitos clones de Slayer que pululan el planeta tierra. Los riffs intrincados dicen presente desde el segundo cero con “War Ensemble” e incluso temas como “Hallowed Point” podrían haber estado en cualquiera de sus discos previos; otros, como “Expendable Youth” y “Dead Skin Mask”, bajan un cambio en velocidad pero no en intensidad. Mi favorita es “Spirit in Black”, un tema de esos que tienen todo: arranque furioso, riff asesino, groove en el estribo y un cambio de ritmo feroz. Además, choreé ese riff más de una vez…

Sin dudas la perla blanca es “Seasons in the Abyss”. Nunca Slayer sonó tan ajustado y arriesgado, con arpegios y un clima que te pone la piel de gallina; tan sólo la intro dura más que la mayoría de las canciones de “Reign…”. A veces es injusto trazar paralelos, pero “Seasons…” es el equivalente a un “Master of Puppets” de Metallica.

Argentina siempre fue un país relegado en cuanto a visitas internacionales se refiere y Slayer recién llegó al país para el Monsters of Rock de 1994 (grilla que completaron Gatos Sucios, Hermética, Black Sabbath y KISS). Esa misma noche, en pleno mosh, se me acercó un chabón muchos años mayor que yo y me inquirió “flaco, ¿cuál es Jeff Hanneman y cuál es Kerry King?”. Claro, sin banda ancha y con cassettes grabados no había forma de enterarte del look de cada uno de ellos sin ser un voraz lector de revistas, como yo siempre lo fui. Me perdí tan solo dos visitas del conjunto: la segunda noche de los memorables Obras de 2006 y la última, como soporte de Iron Maiden.

En fin, mientras escuchaba “Seasons…” no podía evitar pensar que en pocos días se van a cumplir dos años de la muerte de Hanneman y que Lombardo ya no está tras los parches. O sea, que Slayer ya no es Slayer. Pero algo en mi corazón hace que los siga queriendo como aquella primera vez en que los escuché.

martes, 21 de abril de 2015

Two in a row

Hace mucho que no concurría a dos recitales en la misma noche. Tanto como hace… mucho. Los últimos que se me vienen a la mente son Rammstein en Racing pegadito de John Corabi en el Roxy de los Arcos, pero seguro que mucho más acá en el tiempo tuve otro doblete. Como sea, el sábado 18 de abril volví a presenciar dos shows: primero, Violator en el Asbury de Flores y luego Sick Porky en el Roxy de Palermo.

Sé poco y nada de Violator salvo lo que me cuentan mis amigos. Y justamente uno de ellos, Hugo García, fue nuevamente promotor de una visita de los brasileños. Como aquella primera visita a Capital Federal de agosto de 2013 (donde oficié de DJ invitado), esta vez volví a decir presente. Violator no figura ni por asomo dentro de mis 100 bandas favoritas pero lo que hacen, lo hacen bien: un thrash vieja usanza que no da respiro, pero que tampoco tiene matices. Para algunos, es un síntoma del no “transar”; para otros -me incluyo-, la falta de rebajes provoca dolores de cabeza.

Del Asbury me fui para el Roxy, previa cena en El Imperio de la Pizza, para ver a los Sick Porky. Tampoco recuerdo cuántas veces vi en vivo a los chanchos pero puedo garantizar que fueron muchas. Tenía muchas ganas de volver a verlos: “LosDescarnados” fue mi disco de 2014 y desde que cambiaron de baterista (por segunda vez en el año) no había tenido la oportunidad. Un set medianamente corto pero efectivo, en el que fueron a los bifes desde el comienzo. Para mí siempre están para cosas más grandes, por virtudes propias como la composición (suenan cada vez más personales) y por la voz de Carlos, única en su especie.

sábado, 25 de enero de 2014

20 discos a 20 de 1994 pt. IV

Pudieron haber sido 40 o 50, pero fueron 20. Arbitrario, sí, pero hay que darle un cierre. Recuerdo a los carcamanes de siempre poner el grito en el cielo por toda la música nueva pululando o de los cambios que los grupos sufrían en su propuesta. El tiempo, ineroxablemente, logró poner las cosas en su lugar y sin lugar a dudas 1994 fue uno de los más prolíficos años de la década, que llegó a su fin en 1996/97 de la mano del estallido del Nü Metal.

ALICE IN CHAINS
“Jar of Flies”

Un mini álbum que confirmó todas las variantes y el potencial compositivo de una banda dispuesta a codearse con los más grandes. Profundizando aún más la faceta acústica esgrimida en “Sap”, los AIC se despacharon con hits atemporales, como “I Stay Away” o “No Excuses”, que probó que el tándem Staley/Cantrell no sólo atravesaba un grandísimo momento: habían nacido para retroalimentarse.

THE ALMIGHTY
“Crank”

Hay una sólo crítica que le realizo al cuarteto escocés: sus discos siempre sonaron acorde a la época en que se editaban. Por ende éste, al haber sido editado en 1994, tiene una impronta Punk que ajustó cada una de las canciones. La labor del productor Chris Seldon también es para destacar, ya que fue su virtud homogeneizar y canalizar tanta violencia en un paquete sónico demoledor. Gracias a esta placa pude disfrutar su show como soportes de Megadeth, algo que no muchos pueden afirmar.

KYUSS
“Sky Valley”

Otro disco determinante, definitorio y cumbre en la década. “SkyValley” fue la prueba suficiente de que “Blues for the Red Sun” no se trató de un simple buen momento de un cuarteto aficionado a los sonidos valvulares, las zapadas desértica y la marihuana. El Stoner encontró su punto álgido y jamás pudo volver a sonar así. Claro, pasaron casi de largo y unos meses más tarde se estarían separando pero el tiempo no pudo ignorar semejante maravilla.

2 MINUTOS
“Valentín Alsina”

El disco que la música nacional estuvo esperando durante años. 2 Minutos llevó el mensaje de la calle a un formato punk rock cancionero que desoyó de sutilezas sonoras o afinaciones guitarreras. Los dinosaurios pusieron el grito en el cielo pero la honestidad de estas canciones se antepusieron en un momento donde lo cool estaba a la orden del día.

PANTERA
"Far Beyond Driven"

"Ser Manejado Desde el Más Allá" sería la traducción más aproximada de esta placa y ciertamente desde "el más allá" provino la energía para que los Cowboys del Infierno le dieran un enorme fuck you a la industria discográfica. ¡Nunca una banda número 1 del Billboard sonó tan pesada! En una clara respuesta directa al glorioso "Vulgar Display of Power", Pantera aquí se despachó con más violencia que nunca. Siempre con los dientes apretados, sin concesiones y con una calidad de los tocados por una barita.

miércoles, 22 de enero de 2014

20 discos a 20 de 1994 pt. III


DEMOLITION 23.
“Demolition 23.”

Todavía recuerdo patentemente haber escuchado por primera vez “You Crucified Me” en la radio: ¡no podía creer tanta calidad! Sin dudas uno de los puntos más altos en la discografía de mi amado Michael Monroe, que acá suena con más ímpetu y frescura que en sus días de Hanoi Rocks. Demolition comenzó como una banda de covers que contaba con cantantes invitados (Sebastian Bach, por ejemplo) para transformarse en un combo que tributa a las raíces punks de sus integrantes, entre los que se encontraba Sami Yaffa. Luego de un tour que contó con otro Hanoi, Nasty Suicide, en guitarra, se separaron, dejando un terrible disco que hace años se encuentra descatalogado.

CORROSION OF CONFORMITY
“Deliverance”

Como dije alguna vez, “Deliverance” es el “Master of Reality” de los noventas. Esta comparación no es odiosa: COC demostró todos sus pergaminos en una placa imperdible de principio a fin. Contando por primera vez con Pepper Keenan en la voz y guitarra a tiempo completo, la decisión probó ser harto acertada y tomando el rastro dejado por Black Sabbath, en una época donde el Stoner estaba haciendo bastante ruido, llevaron su influencia hacia terrenos cancioneros.

JOHNNY CASH
“American Recordings”

Lo que se dice, un verdadero retorno, de los más significativos e ilustrativos que se recuerden. La historia encumbró a Rick Rubin y ciertamente resulta imposible minimizar la gestión del gurú discográfico. Con un envidiable gran tino, Rubin le sugirió a Cash simular que estaba en el living de su casa, algo que efectivamente sucedió, ya que muchas de las canciones fueron grabadas allí. Aferrándose al formato acústico prescindiendo de una banda estable, Cash recuperó su estatus perdido durante los ochentas para llegar a los grandes festivales alternativos, como el Lollapalooza.

PRONG
“Cleansing”

Helmet, Pantera, Sepultura y Biohazard ya habían sacado sus discos definitorios: sólo faltaban los, Prong, que con “Cleansing” derribaron todas fronteras. Tommy Victor pulió sus dotes como compositor, respaldado por un dream team que contó con Paul Raven en bajo, quien provenía de Killing Joke, una de las bandas que más influenció a los oriundos de New York. La excelsa producción de Terry Date permitió que “Cleansing” pase de ser un gran disco a un clásico de la década.

MEGADETH
“Youthanasia”

El último gran disco de Megadeth. Por primera vez utilizan afinaciones más graves (un semitono debajo de la afinación standard) en temas más relajados, que si bien no pierden en tecnicismo, suenan menos intrincados. La portada por Hugh Syme es para enmarcar, de las más logradas que se recuerden. Con este disco vinieron por primera vez al país, en cinco shows en el mítico Estadio Obras que pasaron a la historia.

sábado, 18 de enero de 2014

20 discos a 20 de 1994 pt. II


HERMÉTICA
“Víctimas del Vaciamiento”

“Este disco es más pesado, no tan speed como “Ácido Argentino” declaraba Ricardo Iorio en su momento. Y tenía razón. Tomando el nombre de una de las canciones del autotitulado debut discográfico, “Víctimas…” probó que La H podía tener sus rebajes y aún seguir sonando pesado sin concesiones. Asimismo, contó con un presupuesto más abultado en la producción, lo cual impactó directamente en el resultado final. El futuro se vislumbraba brillante, pero pocos meses dirían adiós, para nunca, nunca volver.

A.N.I.M.A.L.
“Fin de un Mundo Enfermo”

El golpe de timón que el Metal argentino necesitaba. Uno de los mayores méritos de A.N.I.M.A.L., además de sus canciones y su sonido acorde a la época, fue que probaron que una banda sin ex integrantes de V8 podía lograr una convocatoria sólida. Aferrándose en demasía al mensaje aborigen, con el ingreso de Martín Carrizo en batería pudieron explotar la faceta percusiva. “Sólo PorSer Indios” se transformó en un clásico indiscutido y la carrera del trío no haría más que crecer.
 
MASSACRE
“Galería Desesperanza”

Una maravilla, de principio a fin. Apenas en su segundo disco y Massacre demostraba una madurez que muchos no logran en décadas. La siempre inquieta guitarra de Pablo M. dota de personalidad a una banda única en su especie, que se influenció por muchos pero que nunca se pareció a nada. Un verdadero oasis en la música nacional.

SUEDE
“Dog Man Star”

¿Brit Pop? Claramente las etiquetas nunca le hicieron suficiente justicia a Suede, una de esas bandas que encandilan y provocan romances a primera oída. “Dog Man Star” es claramente más elaborado que su predecesor y su espíritu barroco le calza a la perfección. Bello por donde se lo mire.

MANIC STREET PREACHERS
“The Holy Bible”

La obra cumbre de los galeses. En tan sólo dos años lograron una evolución admirable, que incluso no pudieron siquiera igualar. Sin dudas, la mayor virtud radica en que “The Holy Bible” suena a “The Holy Bible” y a nada más que se haya hecho antes o después. ¿Las líricas? De las más iluminadas que un grupo haya logrado. Al día de hoy me sigue conmoviendo como la primera vez. ¿Ya pasaron veinte años? ¡Mierrrrrda!

jueves, 16 de enero de 2014

20 discos a 20 de 1994 pt. I


La nostalgia me invade y no puedo dejar de hacer un listado con la premisa obvia de "a tantos años de...". Retromanía, ida y vuelta. Pero esta no es una lista más, o al menos no lo es para mí. No figuran arbitrariedades de "los obligatorios", no hay orden específico y no es un listado de los imprescindibles. Son los que más me gustan y ya.

This is my truth, tell me yours.

OASIS
“Definitely Maybe”

Sex Pistols + los Beatles + Jesus and Mary Chain en canciones históricas, de urgencia Pop y melodías entrañables. Los hermanos Gallagher se hicieron conocer al mundo reposicionando a Manchester como usina de hits. La frescura y su falta de prejuicios lo hacen insuperable.

THERAPY?
“Troublegum”

1993 pareció ser el año de los irlandeses Therapy?: habían logrado trascender del under a las pantallas de Hollywood y la fama estaba al caer. Pero lo mejor llegó apenas un año más tarde, gracias a trece canciones propias y un cover (“Isolation”, de Joy Division) que adelantó lo que estaba por venir. Belleza.

THE WiLDHEARTS
“Fishing for Luckies”

Seis canciones (que originalmente se conseguían sólo a través del fan club… ¡una verdadera locura!) en donde el ADN musical de Ginger queda más claro que nunca. Thrash, Pop, Rock, Punk, Glam... bueno, ¡todo eso y mucho más!

MÖTLEY CRÜE
“Mötley Crüe”

Echar a Vince Neil pareció ser la decisión indicada: estas doce canciones te pasan por encima como una tromba. El ex The Scream John Corabi tomó el fierro caliente y no sólo compuso letra y música, sino que también se hizo cargo de la guitarra rítmica, dándole un salto de calidad a un grupo que veía como la década se lo comía vivo. Incluso Glenn Hughes participa en la sublime “Misunderstood”. Entonces, ¿por qué no funcionó comercialmente? Misterios sin resolución.

HELMET
“Betty”

“Meantime” parecía ser un hito inalcanzable en la carrera de los comandados por Page Hamilton, pero en su tercera placa de estudio pulieron su propuesta e incluso la tornaron más seca, entrecortada, ajena al cimbronazo post-alternativo. “Milquetoast”, “Wilma’s Rainbow” y “Biscuits For Smut”, los tres cortes de difusión, demostraron el buen tino compositivo de Hamilton, quien se da un pequeño gusto tributando a Dizzy Gillespie con “Beautiful Love”.